Tetanos

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Martes, 14 Octubre   

Las heridas más pequeñas pueden presentar una mayor complicación
Heridas más peligrosas

Desde la Sociedad Española de Microbiología, Rafael Soller reconoce que “se han dado casos de tétanos con todo tipo de heridas”, aunque las más peligrosas son siempre las heridas que sangran poco y las punzantes, como las producidas por un clavo, sobre todo, si la lesión se produce al aire libre y en ambientes sin oxígeno, ya que es ahí donde más se desarrollan las esporas y donde aumentan las posibilidades de que la toxina entre en el organismo y comience su invasión.

Rafael Soller aconseja en estos casos concretos “abrir la herida y tratarla con agua oxigenada, aunque sea una herida producida por la espina de una rosa y no se le de importancia”, puesto que la infección por tétanos se produce cuando el tejido muere porque falta oxigenación y la colocación de una tirita o una venda impide, precisamente, que la herida respire. “En un accidente de tráfico el destrozo es importante y la posibilidad de resultar infectado por el tétanos es mayor, ya que suelen ser heridas en las que el tejido muere y falta oxigenación”, apostilla.

Por su parte, Javier Lavilla manifiesta también que las heridas producidas en el campo o que sufren las personas que trabajan en ambientes sucios o manejan excrementos animales presentan un riesgo importante. “Principalmente si la herida es tortuosa o amplia, con pérdida de sustancia o una importante superficie de abrasión, como ocurre muchas veces cuando se maneja maquinaria agrícola o ganadera, o durante una excursión”, matiza.

La conclusión, por lo tanto, es que no existe herida buena ni mala, ya que ninguna está exenta del riesgo de ser infectada por el tétanos.

Ninguna herida está exenta del riesgo de ser infectada por el tétanos

Por ello es necesario prestar mucha atención a cualquier corte o lesión, puesto que, aunque en un principio el germen se introduce de forma inactiva o esporas, cuando encuentra las condiciones adecuadas comienza a germinar y adquiere una forma activa. Es entonces cuando empieza a crecer e invadir el tejido, al que secreta una toxina muy perjudicial para el sistema nervioso.